viernes, 8 de mayo de 2015

El don de la maternidad, una profesión poco valorada


Parece raro que algo como traer niños al mundo esté tan poco valorado por la sociedad.

Una frase extraña, pero si me pongo a pensar en la mujer de hoy en día, tan diferente, tan distinta, tan alejada de “esa tribu ” en la que se vivía antes y en la que la maternidad se experimentaba como entre elefantes, es decir, cuidando todos de todos; Eran hijos paridos de una sola madre, pero criados y amados por todos lo que rodeaban a la madre y a la criatura, una maternidad natural, sin ataduras ni tiempos, una maternidad real, que se disfrutaba tranquilamente y sin prisas, para ver crecer a tu hijo, sin compararlo con los otros en cuanto a sus progresos, pues todos eran hijos de todos.

La maternidad se vuelto algo confusa, se ha convertido en un manual de libros, de teoría infinita, de técnicas revolucionarias que nos prometen controlar las rabietas de nuestros hijos, hacerles comer solos a los tres meses o andar cuando aún casi no saben gatear.

Si soy realista, a mí, más que a nadie, me costó conectar con mi “lado maternal”, y eso que nací queriendo ser madre.

No todo es tan sencillo, y cuando te ves con un pequeño bebé en brazos, recién parida, piensas…. ¿y ahora qué?

Pues ahora empieza la verdadera maternidad, se acaba el enamoramiento perpetuo que hay durante todo el embarazo y empieza la verdadera prueba, es decir:

¿¿¿Ahora qué????

Pues ahora toca lidiar con tu cuerpo, tus hormonas, tus enfados, la aceptación de tu nuevo cuerpo, te toca ser adivina para saber por qué llora tu pequeño, y te toca sobre todo, tener poca ayuda, poca información y punto de unión. Pero además, toca darte cuenta de que toda la teoría leída no sirve para nada.


Las mujeres de hoy somos más exigentes con nosotras mismas y la sociedad se ha vuelto más exigente con la mujer.

Cuando el tiempo es 0, cuando ya no se puede estirar más el día y el agotamiento y las fuerzas flaquean, cuando las hormonas empujan y acaban saliendo en forma de lágrimas, cuando acabas encerrada en el baño como escondida en tu propia casa, como escondida de tu nuevo estado o con miedo a tu nuevo estado, ves que todo ese peso cae sobre tu cuerpo, y como lo que somos, como auténticas “guerreras”, acabamos encontrando nuestra maternidad interior y conectando con cada nueva faceta, siendo un pulpo de mil manos, que es capaz de dar pecho mientras, mete una lavadora y a la vez hace la lista de las compras.

Sin tribu, sin ayudas, nos hemos convertido en seres extraordinarios que dan vida, que cuidan de sus “personas importantes” de sus “esenciales”, que trabajamos dentro, fuera, para y sin más ayuda que el amor por nuestros hijos.

El ingenio aparece, las ojeras están ahí, pero tú no te paras, el tiempo pasa, tu pequeño crece, todo se vuelve más sencillo, el agotamiento ya no parece tanto, y la sonrisa de tu hijo se convierte en el mejor valor que se le puede dar a la palabra,

¡Mama!

Hay mujeres que eligen no ser madres, cosa que tampoco me extraña tanto hoy en día, estando como está el mundo, pero la mujer que elige ser madre puede estar segura de estar dedicando gran parte de su vida a una de las profesiones más difíciles y complicadas del mundo, que es formar a un ser humano, lidiar con él, con sus enfados, con su ira, enseñarle el mundo, la convivencia entre seres humanos, los valores, curar heridas, limpiar lágrimas, calmar noches de monstruos, fantasmas y terrores, ser esa voz que da calma y sosiego, esa mano que acaricia con la mayor de las ternuras, que alimenta con su propio cuerpo, que alienta a ese primer paso, que respira y celebra su primer año de vida, somos animadoras de sus triunfos y acompañantes de sus fracasos, nuestro pecho y nuestro abrazo es la mejor de las cunas, donde mejor se duerme, enseñamos el valor de la amistad, el valor de la familia, el valor de la vida…

El don de la maternidad es muchas veces un trabajo “poco grato”, poco valorado por las sociedad, hasta que un día escuchas que quien te lo agradece es tu hijo con un:

¡Te quiero mama!

Los principios siempre son confusos, la normalización es un proceso natural que lleva su tiempo, los roles vuelven y con ellos vuelves a encontrar tu lugar, vuelves a saber qué hacer, cómo funciona tu nuevo cuerpo, tu hijo y tu nuevo pero extraordinario trabajo de madre deja de parecer difícil.

Fuente: http://verdealegria.com/don-de-la-maternidad-profesion-poco-valorada/

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