martes, 27 de octubre de 2015

Ella piensa en poner fin a la vida de su hijo debido a su sufrimiento. Lo que sucede después me hizo llorar


Stéphanie Smith de 35 años, cuando su hijo nació se sintió feliz, pero luego comenzó a notar algo extraño en su piel. Su vida se convirtió en una verdadera pesadilla. 

A los tres meses, aparece en la piel de un enrojecimiento. Cada vez que su piel se ve expuesta al perfume o a olores intensos, el enrojecimiento empeora; y llega un punto en el que su piel se resquebraja, comienza a sangrar y a supurar.


Los médicos determinan que es un caso de eczema grave y le prescriben una pomada con cortisona. Al principio el enrojecimiento empieza a atenuarse, pero luego, una nueva pesadilla comienza: el cuerpo entero de enrojece y las lesiones aparecen peores que nunca. El pequeño necesita más pomada, pero 
la historia se repite.


El enrojecimiento se atenúa levemente para luego volver mucho peor. Los médicos no saben cómo actuar. Su cabello empieza a caer y se vuelve menos receptivo.


“Los médicos decían que no era el eczema,” cuenta su madre, Stéphanie. “Muchos médicos entraban y salían de la habitación. Vimos a un especialista que me dijo que yo lo envenenaba con mi leche y que debía dejar de dársela inmediatamente.” A los 5 meses, a se le presenta una erupción particularmente extrema que abre su piel.

Lo llevan al hospital y recibe un tratamiento a base de cortisona. Su piel mejora, pero dos días después vuelve el enrojecimiento. El pequeño llora permanentemente.


Con el fin de ayudar a , Stéphanie protege a su hijo de todos los elementos de la vida cotidiana para reducir las posibilidades de infección. Envuelve a con vendas y agrega capa sobre capa de pomada. Incluso hasta envuelve sus manos para que no se rasque mientras duerme. sólo siente alivio cuando lo sumergen en agua. Stéphanie pasa horas a su lado mientras descansa en el lavabo. Es el único lugar en el que no llora.


“Cada vez que lo tocábamos, su piel se resquebrajaba y empezaba a supurar. Ni siquiera podía apoyarlo contra mi mejilla”, cuenta Stéphanie que no podía acariciar a su hijo. “Le dolía todo el tiempo y lloraba sin cesar. Yo también lloraba.” “Era como si no tuviera piel,” dice su madre. “En esta agonía permanente, en un momento me encontré pensando que si esta iba a ser su vida, tal vez sería mejor acompañarlo hacia la otra.”


En un último intento desesperado y mientras los médicos abandonan, optan por Internet. En un foro encuentra una publicación sobre la abstinencia de la cortisona y ve fotos de niños con el mismo problema. De pronto se da cuenta de lo que pasa. “Ellos hablaban de los efectos secundarios de la cortisona y de cómo el problema puede empeorar cuando se suspende el tratamiento.”


Stéphanie decide interrumpir el tratamiento a base de cortisona y elabora sus propias cremas, especialmente suaves, lo más suave posibles para aplicar sobre su piel. Una combinación de melisa y zinc. Pronto la piel de empieza a aclararse y a curarse.


comienza a recuperarse y ya comprende: cuando le pica la piel, busca a su madre y señala la loción. 10 meses después de dejar la cortisona, la piel de se recupera. Hoy, es un bebé de un año perfectamente normal. “Vimos 35 médicos, todos dijeron que era un eczema. Voy a mostrarles las imágenes de su piel hoy.” Lo mejor de todo: está feliz y lleno de energía. “Perdimos el primer año de su vida. No podía abrazarlo, ni tenerlo”, cuenta una madre entristecida. “Pero ahora podemos tocarlo todo el tiempo, ¡es muy mimoso!”

Stéphanie cuenta como sólo ella puede, lo que le pasó a su hijo. Lo hace con el fin de ayudar a otras madres que podrían encontrarse con el mismo problema aterrador. Es por eso que debemos compartir esta historia; porque podría ahorrarle mucho sufrimiento a una pequeña vida.

Fuente:http://hsalud.com/2015/09/ella-piensa-en-poner-fin-a-la-vida-de-su-hijo-debido-a-su-sufrimiento-lo-que-sucede-despues-me-hizo-llorar/

1 comentario:

  1. Mi bebé tuvo problemas en su piel desde recién nacido. Su pediatra inmediatamente ordenó eliminar fibras sintéticas y nada que pudiera dañar al simple roce con su piel. Inclusive después del baño, tuve prohibido secarlo con la toalla: Lo acomodaba en su cunita (moisés) y le ponía una lámpara como las que utilizan los arquitectos para que su piel se secase sin frotamientos. Así pasaron días y semanas hasta que su cuerpecito pudo tolerar la ropa de algodón. Con paciencia y mucho amor, fuimos dejando atrás aquella etapa ingrata. Ahora es un saludable joven de 22 años. <3

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