martes, 21 de julio de 2015

Las arrugas nos recuerdan dónde han estado las sonrisas


No debemos olvidar que la belleza no es solo física. La belleza más preciada y más sabia llega con esa paz interior de las personas que se sienten bien consigo mismas

Hay quien no lleva muy bien eso del paso del tiempo. De ver cómo cambia el rostro, cómo aparecen las arrugas o se blanquea el cabello.

Además de ser ley de vida, envejecer es un acto de enriquecimiento, de humildad y sabiduría. No hay nadie más noble que aquel o aquella que ha sabido poner felicidad a sus años y no solo años a su vida.

Ahora bien, dentro de nuestras posibilidades nunca está de más el cuidarnos, desde luego. El seguir esos consejos que nos permitan seguir luciendo una piel bonita, una mirada limpia y atractiva, sin patas de gallo..

No obstante, en ocasiones nos llama la atención ver cómo personas entradas ya en años disfrutan de una belleza serena y casi envidiable que nos obligan a preguntarnos cuál debe ser su secreto.

Cuando nos acercamos a ellos para obtener una respuesta, sonreímos al descubrir esa revelación: es la felicidad.

Esas arrugas nos recuerdan dónde han estado todas las sonrisas de antaño, las mismas que siguen “bailando” por esos rostros amables.

El rostro, reflejo del alma


Estamos seguros de que ya has oído esta expresión en muchas ocasiones: elrostro es el reflejo del alma.

No vamos a ahondar aquí en discursos sobre la existencia o no del alma, no obstante, sí que podríamos hablar de esa esencia humana que nos trasciende a todos: el mundo emocional.

La vida es un viaje limitado que debemos experimentar al máximo, aprovechando cada instante y cada momento.

Lejos de ver las pérdidas, los desengaños y las tristezas como maldiciones o muros que impiden nuestro avance y nuestro crecimiento personal, debemos verlo como retos. Como instantes que superar con entereza y con resiliencia.

La persona que ha sido valiente, que ha integrado sus penas y sus alegrías con esperanza, dispone de una sabiduría emocional y personal que se refleja en su rostro.

Una cara acostumbrada a sonreír es un rostro que ha sabido descansar e impreganarse de emociones positivas.

Aquellos que han usado su rostro para despreciar, para desconfiar, para mirar con envidias o egoísmo, dibujarán en su expresión el clásico ceño fruncido habitado por múltiples arrugas que envejecen no solo el cuerpo, sino también el alma.

Una vida feliz que se ha experimentado con inteligencia, humildad y apertura, se refleja en el rostro. Es como dejar nuestra “alma” en un espejo. Se percibe, se nota.

Las alegrías se leen en esa cara que ha pasado media vida sonriendo aunque le faltaran fuerzas. Son personas enérgicas y valientes que siempre han intentado ver el lado bueno de las cosas.

Las arrugas deben ser las huellas de todas tus sonrisas



¿Cómo asumir que vamos a envejecer? ¿Cómo aceptar la pérdida de la juventud, de esa piel tersa que no sabe de manchas, arrugas o de dolores? Sabemos que no es fácil asumir lo fugaz que puede llegar a ser la belleza.

No obstante, hemos de tenerlo claro, no hay que asociar una sola belleza a esa que se disfruta a los 20 o los 30 años. El atractivo no se traduce solo en un cuerpo perfecto, en un cabello sin canas o una cara sin arrugas.

Hay personas bellas con 60 años y con 70, hombres y mujeres que saben seguir siendo atractivos, personas con las que merece pasar media vida.

Eso lo sabemos bien, porque la belleza más sabia llega con ese bienestar interior de la mujer que se siente a gusto consigo misma, que se siente realizada, feliz y, en ocasiones, hasta liberada de muchos de los miedos que tenía en su juventud.

La vida son etapas que ir saltando poco a poco, para llevarnos con nosotros nuevas experiencias y múltiples fortalezas que van ayudarnos a vernos mucho mejor ante el espejo.

Porque una arruga no es una catástrofe, es vida vivida, y lo que de verdad importa son las vivencias con las que hayamos nutrido esos años.


1. Rodéate de las mejores personas en cada momento de tu vida

Acompáñate de esa persona que de verdad sabe hacerte feliz.

Esa por la que no importan los años, esa que siempre te sujeta la mano con ilusiones y deseos, arrancándote mil sonrisas estés como estés: triste, enferma, cansada, con 20 años o con 60. 

2. Nunca pierdas la ilusión por emprender nuevos proyectos

Tenlo muy en cuenta, en el momento en que no te sientas motivada,cuando ya no encuentres fuerzas para ilusionarte y marcarte objetivos, será entonces cuando llegue la verdadera vejez.

Y ten en cuenta que, a día de hoy, puedes encontrarte con personas de 20 envejecidas porque carecen de ilusiones, y otras que, con 80 años, siguen teniendo ganas de comerse el mundo.

Son esos rostros que, a pesar de las arrugas, siguen cautivando, siguen hechizando.

3. Sonríe a la vida, que pasa pronto y hay que vivirla al máximo, en el aquí y ahora

Este es, sin duda, el mejor consejo que podemos ofrecerte. Tu vida discurre ahora mismo, en el aquí y ahora. No la pierdas, súbete a ese tren y emprende ese viaje que siempre soñaste, llama a esa persona que echas en falta, atrévete a eso que te da miedo, ilusiónate por lo que eres y como eres.

Y recuerda, sonríe, busca y construye tu propia felicidad cada día porque eres la protagonista de tu vida.

Fuente: http://mejorconsalud.com/arrugas-recuerdan-donde-han-estado-las-sonrisas/

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